Resulta ridícula la creencia de mucha gente de que los nombres vascos son esos ridículos que han propagado hasta la náusea. Y la gente los ha aceptado como si tuvieran algún sentido distinto del separatista con que se inventaron a finales del siglo XX. Y encima, aceptados y puestos a sus hijos por gente no separatista de toda España. ¡Lo que hace la propaganda!